Medicamentos
Como más de la mitad de los chilenos, yo consumo medicamentos diariamente. La mitad son para salud general: un multivitamínico para suplementar mi caótica dieta y una hierba para ayudar con el sueño. La otra mitad son para los cada vez más presentes problemas que vemos en nuestros tiempos, la salud mental.
Una de las pastillas que me recetaron hace ya bastante tiempo era algo fuerte, un antipsicótico. El nombre es más grave de lo que realmente es, pero tampoco es para tomarlo a la ligera. Tenía un efecto apaciguante que realmente me ayudó en mis momentos más difíciles, pero ahora que estoy en un mejor momento, es hora de dejar la muleta y caminar por mi cuenta. De a poco me fueron bajando la dosis, de 1 mg a 0.5 mg, de 0.5 mg a 0.25 mg y finalmente en unas dos semanas se me va a acabar y pasaré de 0.25 mg a 0 mg.
La principal diferencia que noté fueron los primeros días, todo se sentía más fuerte y me afectaba más, pero después de un tiempo me lograba acostumbrar. La otra fue una diferencia que no sabía que vendría.
La acatisia es la incapacidad para mantenerse quieto que se acompaña de una sensación de intranquilidad a nivel corporal.
O al menos eso creo. Aún no tengo mi cita con el psiquiatra para confirmarlo pero suena como lo que está ocurriendo. Han habido casos en donde dejar la risperidona causó acatisia. Un caso. Encontré un caso buscando en google. El punto es que he estado teniendo muchos temblores, pero funcionan de una forma particular.
Cuando estoy enfermo me da tos, pero la tos no es incontrolable, es una sensación incómoda dentro de mi garganta que va creciendo con el tiempo, rogándome aclararla. Si no le hago caso por suficiente tiempo, termina ocurriendo sin que lo pueda controlar. Es como tu cuerpo diciéndote que lo hagas antes de obligarte a hacerlo, no es ni voluntario ni involuntario. Me pasa lo mismo con los temblores. De repente, cuando estoy tirado en la cama muy agotado me agito mucho porque no tengo energía para controlarlo. Es extraño el concepto, no tengo energía para evitar que mi cuerpo se mueva.
Personalidad
Me puse a pensar en todas las cosas que hacemos.
¿Pueden todas mis acciones ser clasificadas entre lo voluntario y lo involuntario?
Cuando estamos hablando y salen algunas palabras sin pensarlo, sin querer, ¿es eso involuntario? Cuando entrenamos al punto de convertir una acción en un reflejo, ¿convertimos una acción voluntaria a una involuntaria? Si me nace del corazón hacer voluntariado, ¿estoy haciendo voluntariado de forma involuntaria?
Mucha gente juega un personaje muy marcado al interactuar con los demás, pretende tener características que realmente no tiene, pero si una persona que no es valiente, se enfrenta a algo que le da miedo pretendiendo ser valiente, ¿no es valiente por hacerlo? Si una persona que no tiene confianza en sí misma, luce un traje como si tuviera confianza, ¿no tiene confianza solamente por hacer eso? La mayor pregunta es ¿por qué nos importa tanto cuestionar estas aseveraciones realmente? ¿Cuál es la diferencia entre pretender ser alguien y serlo?
Las características que nombre en específico son interesantes porque tienen mucho que ver con el mundo interno de la persona más que el externo. Ser valiente implica enfrentarse a las cosas a pesar del miedo, pero el miedo es algo completamente interno. Tener confianza implica estar seguro de tus acciones y decisiones, pero la seguridad nuevamente es algo interno. Son distintos a características como la fuerza o la inteligencia que se pueden medir.
En japón existe el concepto del Chūnibyō:
Chūnibyō (中二病?) es un término coloquial japonés que se traduce como «síndrome de octavo grado» o «síndrome de segundo año de Secundaria», empleado para describir a adolescentes con delirios de grandeza que desean desesperadamente destacar, por lo que se convencen a sí mismos que tienen cualidades especiales o poderes secretos.
Aquí tengo que hacer una diferencia. Están los Chūnibyō que creen que estás destinados a cosas más grandes porque son muy inteligentes, los que se sienten incomprendidos por la gente de su edad debido a su profundidad y también están los Chūnibyō que creen que están destinados a cosas más grandes porque literalmente son los elegidos de un mundo mágico, tienen poderes que aún no despiertan y van a encontrar su verdadero destino cuando se los revelen. Quiero que piensen más en los primeros.
Menciono este ejemplo porque siento que demuestra que existe una especie de persecución con la gente que actúa como más de lo que es, estas incesantes ganas de poner a la gente en su lugar y no dejarlos ni siquiera actuar de una forma distinta.
Todos jugamos un papel de alguna forma u otra, todos nos adherimos a reglas y patrones que inicialmente no son naturales, pero somos crueles con la gente que decide no contenerse al papel que les dieron. Somos vigilantes y juiciosos, nos volvemos policías de las personalidades de los demás.
El espectro entre lo voluntario y lo involuntario
no existe.
Bueno, al menos no es un espectro.
Nuestras acciones no pueden ser clasificadas solamente como “decidiste hacerlo” o “lo hiciste de forma automática”. No es blanco y negro, ni siquiera es gris. Es una gama de colores que no entiendo realmente.
